Telecirco ha llegado demasiado lejos.
No lo voy a negar. He sido un gran consumidor de los shows de telerealidad en los últimos tiempos. Yo era un número más de ése share que hacía que los bloques publicitarios del Gran Hermano alcanzasen números de dos cifras.
Supongo que este tipo de televisión producía en mi ser un goce ancestral, venido de mis genes más primitivos, donde los García disfrutábamos en las cavernas arrancando las alas a las moscas más indefensas o disfrutando de las explosiones acuáticas causadas por el efecto "aceite de petrolero" de Apetinas en contacto con el agua más sucia...
Eso era antes. Antes de esta noche.
Hoy el programa conducido por Cristian Gálvez Superhirientes, el debate, ha sobrepasado todos los límites imaginables de la telebasura, incluída la MTV.
Dicho programa, o mejor dicho, sus cabezas "prensantes" han tenido la genial idea de comunicar a una de las concursantes, la cual desconozco, pues llega un momento en que tras tanto recauchuteo, se acaba perdiendo la identidad, que la chica o mujer en cuestión, debe abandonar el concurso porque los médicos le han detectado "algo" en un pecho.
Por supuesto, ése "algo" no se va a saber lo que es todavía. No sean ignorantes distinguido público, que todavía estamos a lunes y esto tiene que durar cuatro "Sálvames diarios", uno "Deluxe", a poder ser con la maltrecha recauchutada, y dos "Vuélveme loca".
La llorera de la mujer ha sido excesiva, tremendamente dramática y siniestra. El realizador debe haber eyaculado de puro placer en el momento en que las lágrimas destrozaban el poco rimmel que le quedaba en las pestañas, creando una especie de cartón negruzco sobre sus párpados.
En definitiva, está claro; para Telecirco el foco del mal son unos buenos pechos.
Nota mental: La serie "Piratas" va a ser comentada en breves. No se libra ni Dios.